Es bastante común hoy en día escuchar enseñanzas acerca de la elección de los creyentes. El énfasis en estos temas sin duda responde al avance de las ideas reformadas en el campo evangélico latinoamericano. En este sentido, y en respuesta a ellas, quiero desarrollar un par de ideas a partir de la enseñanza de Pablo en Romanos 9.

Para comenzar, quiero señalar que la posible razón de Pablo al hablar de la elección era responder algunas ideas que se tenían acerca del tema al interior de la iglesia de Roma. Por ello, propongo que la reacción que Pablo esperaba de su enseñanza es que los gentiles pudieran sentirse confiados de su pertenencia al pueblo de Dios y que los judíos dejaran su seguridad (jactancia) en su origen étnico. Esto se refleja en una de las conclusiones del capítulo 9:

¿Qué concluiremos? Pues que los gentiles, que no buscaban la justicia, la han alcanzado. Me refiero a la justicia que es por la fe. En cambio Israel, que iba en busca de una ley que le diera justicia, no ha alcanzado esa justicia [Ro 9:30-31].

Esto es importante, porque en la idea de elección del Antiguo Testamento se entendía en los parámetros étnicos del pueblo de Israel. Era Israel, como colectivo, el cual había sido “escogido” para ser pueblo de Dios. Pablo define esta concepción al principio del capítulo:

De ellos son la adopción como hijos, la gloria divina, los pactos, la ley, el privilegio de adorar a Dios y el de contar con sus promesas. De ellos son los patriarcas, y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén [Ro 9:4-5]

En otras palabras, de Israel era la elección. Sin embargo, a continuación, Pablo hace una declaración chocante para todos aquellos que pensaban de esta manera: «lo que sucede es que no todos los que descienden de Israel son Israel». Y esta es la base para que Pablo elabore su enseñanza de la elección a partir de las metáforas y narrativas bien conocidas como la del barro, Jacob y Esaú, y Moisés y el faraón.

Por tanto, la frase famosa de esta sección «Amé a Jacob, pero aborrecí a Esaú» debe entenderse como la afirmación del objetivo que Pablo tenía al escribir esta sección: «para confirmar el propósito de la elección divina, no en base a las obras, sino al llamado (multiétnico) de Dios». En contexto, estas obras tienen todo que ver con la identificación étnica (obras que te identifican como judío). De hecho, los ejemplos vienen dado desde los propios relatos fundacionales judíos (los patriarcas, el Éxodo) pues Pablo entiende que serán poderosos recursos retóricos para su enseñanza. ¿Podrían objetar los judíos esta nueva forma de entender al pueblo de Dios? Sin duda, pero Pablo quiere dejar claro que no es cuestión de “injusticia” divina, pues esta nueva concepción de elección es parte de la manifestación de su “misericordia” (v.14). Además, «¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: “¿Por qué me hiciste así?”?» (v.19).

En conclusión, Pablo asume que la elección divina responde no a las obras étnicas (aunque aplicaría a cualquier tipo de obras que impliquen jactancia) sino al llamado que el evangelio hace a “todas las naciones” a la obediencia a la fe en Cristo el Mesías (Ro 1:5-6), el cual es el mensaje que abarca todo el libro de Romanos (ver su conclusión en Ro 16:25-26). Esto para los gentiles era una “buena noticia”, pues era la confirmación de un status que no le pertenecía por “derecho” bajo el punto de vista generalizado, pero que ahora le pertenecía por “misericordia” bajo el punto de vista divino. ¿Quienes son los elegidos? Pablo responderá:

Esos somos nosotros, a quienes Dios llamó no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles [Ro 9:24].

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